1. El enojo es bueno para identificar problemas, pero no para resolverlos.
Uno de los problemas que enfrenta la gente es el sentimiento de culpa que viene después de haberse enojado. Esto complica aún más la situación. El enojo, en particular, muestra que hay un problema. Revela cosas que están mal. Algunas de estas cosas se encuentran dentro de nosotros y requieren que ajustemos nuestras expectativas. Otros problemas están fuera de nuestro control y necesitan ser tratados de manera constructiva. Ayudar a los niños a entender que el enojarse es bueno para identificar problemas pero no para resolverlos es el primer paso hacia un plan para el manejo saludable del enojo.
2. Identificar las primeras señales de enojo. Los niños no saben reconocer el enojo. Identificar las señales previas los ayuda a estar más conscientes de sus sentimientos, lo cual a la vez les da más oportunidad de controlar sus respuestas a esos sentimientos. Aquí presentamos algunas señales en los niños que indican que se están enojando y que están a punto de perder el control:
• Cuerpo tenso
• Mandíbulas apretadas
• Incremento en la intensidad del habla o comportamiento
• Palabras poco amables, o crueles, o tono de voz que pasa a quejido o gritos
• Inquieto, apartado, callado, fácil de provocar
• Hace ruidos con la boca como gruñidos o respiración más pesada
• Pucheros
• Hacer caras, gestos de indiferencia
Busque esas señales que aparecen antes de que ocurra la explosión. Una vez que las reconozca, enseñe a su hijo a reconocerlas también. Eventualmente los niños podrán reconocer su propia frustración y enojo y escoger respuestas adecuadas.
Uno de los problemas que enfrenta la gente es el sentimiento de culpa que viene después de haberse enojado. Esto complica aún más la situación. El enojo, en particular, muestra que hay un problema. Revela cosas que están mal. Algunas de estas cosas se encuentran dentro de nosotros y requieren que ajustemos nuestras expectativas. Otros problemas están fuera de nuestro control y necesitan ser tratados de manera constructiva. Ayudar a los niños a entender que el enojarse es bueno para identificar problemas pero no para resolverlos es el primer paso hacia un plan para el manejo saludable del enojo.
2. Identificar las primeras señales de enojo. Los niños no saben reconocer el enojo. Identificar las señales previas los ayuda a estar más conscientes de sus sentimientos, lo cual a la vez les da más oportunidad de controlar sus respuestas a esos sentimientos. Aquí presentamos algunas señales en los niños que indican que se están enojando y que están a punto de perder el control:
• Cuerpo tenso
• Mandíbulas apretadas
• Incremento en la intensidad del habla o comportamiento
• Palabras poco amables, o crueles, o tono de voz que pasa a quejido o gritos
• Inquieto, apartado, callado, fácil de provocar
• Hace ruidos con la boca como gruñidos o respiración más pesada
• Pucheros
• Hacer caras, gestos de indiferencia
Busque esas señales que aparecen antes de que ocurra la explosión. Una vez que las reconozca, enseñe a su hijo a reconocerlas también. Eventualmente los niños podrán reconocer su propia frustración y enojo y escoger respuestas adecuadas.
3. Retroceder. Enseñe a su hijo a tomar unos minutos para calmarse (tiempo fuera), lo que en inglés llaman tomar un “break”, a separarse de la situación que está siendo difícil y estar solo unos minutos. Una de las respuestas más saludables para cuando uno está enojado, es retroceder un poco y pensar las cosas. Durante este tiempo fuera el niño puede pensar de nuevo en la situación, calmarse y decidir que hacer después. Este enfoque no es un castigo por mal comportamiento, pero forza al niño a hacer ajustes internos. Debe haber siempre una conclusión positiva cuando el niño regrese más tranquilo. Esta es una forma de mostrar que usted confía en él. El tiempo que el niño debe estar solo es determinado según la intensidad de la emoción.
4. Escoger una mejor manera de responder. Después de que el niño haya tomado un momento para calmarse, ahora sí es hora de decidir cuál sería una mejor manera de responder a la situación que causa su enojo. Pero, ¿qué deben hacer? Cuando los hijos se enojan, muchas veces los padres reaccionan de forma negativa, señalándole al niño lo que hizo mal pero sin darle alternativas.
Existen tres opciones positivas:
• Platicar las cosas
• Pedir ayuda
• Hacerlo con más calma, despacio y perseverar
Al simplificar las opciones, el proceso de decisión es más fácil. Hasta los niños chiquitos aprenden a responder de manera constructiva a su frustración cuando saben que tienen tres opciones. De hecho, estas opciones son habilidades que hay que aprender.
5. Nunca tratar de razonar con un niño que está haciendo berrinche, o enfurecido.A veces los niños se enfurecen. La mejor manera de saber cuando están así es cuando ya no pueden pensar racionalmente y su enojo los controla. Desafortunadamente, muchos padres tratan de hablar con sus hijos para calmarlos, lo cual sólo lleva a una mayor intensidad de la discusión. El niño que está enfurecido, o haciendo berrinche, ha pedido control de sí mismo. Puedes notar puños cerrados, ceño fruncido, o una serie de comportamientos terribles. La intensidad puede pasar de frustración a enojo a ira antes de que uno mismo se dé cuenta. Ya sea el niño de dos años haciendo berrinche o el muchacho de 14 años lleno de coraje y echando pestes, no pierda tiempo tratando de conversar. Sólo empeorará las cosas. Es importante hablar acerca de lo que pasó, pero hasta que el niño (o joven) esté tranquilo.
6. Cuando las emociones le sacan de sus casillas, deje el diálogo por un momento.
Hay algunas ocasiones en que padres e hijos están discutiendo acerca de algo y se encienden las emociones. Las palabras crueles motivan respuestas crueles que echan leña al fuego del enojo. Detenga el proceso, tomen unos minutos para calmarse y reanuden el diálogo después de que todos estén calmados.
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